domingo, 11 de septiembre de 2011

La coraza

Y todavía hay quien me reprocha que me haya construido un disfraz a mi medida, una coraza que me proteja de todo aquello que me hiere: Algo que haga ver a los demás que no merece la pena acercarse a herirme y que no hay nada mas allá que lo que ven.. ¿Que haría alguien como yo sin esa coraza? Si ahora me siento sin fuerzas.. ¿Que hubiese pasado si no me llego a proteger tanto? Habitualmente, no soy así. Ese es uno de los motivos por los que no quería que nadie se me acercase demasiado: me vuelvo lo más vulnerable y frágil del mundo. Aunque muestre a todo el mundo que soy la cosa más dura, a la hora de la verdad, no es así. Daría por bueno cualquier sufrimiento, aceptaría cualquier derrota, solo por un beso. Lo he hecho.
Y creo que es hora de aceptar otra derrota.. No lo se, no me importa. Tampoco busco culpables. Sólo busco mantener la cordura, no hundirme demasiado y mantener la compostura. A veces cuesta que no me tiemblen las manos o la voz, que no salten las lágrimas traidoras, matarlas y disimular mientras hay gente alrededor. Y a solas, dar rienda suelta a los sentimientos, desbocarlos. Y aún no entiendo que ha pasado. Pero tampoco importa demasiado. Ya no... Solo acepto la derrota.
Rebusco por el suelo... Y me retiro a mi cubil. No es justo, pero es así.





Kabuki

Tras cada mirada hay un recuerdo que no sé
si podré olvidar.
Tras cada sonrisa todo el dolor que me marca
y me cuesta tanto ocultar.
Exhibo una máscara fabricada a retazos
de lo que queda de mí.
Mezclada con un poco de mentira
y algo de voluntad.
Aunque hay cosas en las que no puedo engañar
y en mis ojos hay surcos hondos
como un pozo de llorar;
no me quites mi máscara
porque volverán a brotar (lágrimas).
Sé que en esto estoy sola
nadie me va a poder ayudar de verdad.
Sé que si tiendo mi mano,
quedará en el aire, vacía, fría.
Cuando hayas apaciguado tu cuerpo,
desearás disfrutar del frescor bajo
los robles, olvidándote del agua,
salobre, estéril que te meció al compás
... del agua...

Día a día deformo mi rostro
para que no hable
para que no grite.
Como en un teatro japonés
voy componiendo un personaje
ocultando con maquillaje
cualquier vestigio de mi alma.
Y llega el momento en que ignoro
qué hay tras esta máscara

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